Robby Major, propietario y operador, subcontrata desde hace más de 30 años servicios de acumulación en Peace River al noreste de British Columbia. Desde 2003, confía plenamente en una única máquina: un feller buncher L870 de Tigercat.
— Paul Iarocci
Robby Major junto a su máquina Tigercat.
R. Major Logging es la empresa de Robby y Tracy Major. Ambos viven en Progress, un pequeño pueblo al noreste de Columbia Británica, en una chacra familiar. Nacido en Dawson Creek, Robby creció en la isla de Vancouver tras la mudanza de su familia. Llegó a Chetwynd con quince años. Dejó los estudios a mitad del décimo grado y, a los dieciséis, ya estaba trabajando a pleno en la actividad forestal.
“Comencé trabajando para Glen Bedell, quien prestaba servicios de cosecha forestal para Canfor”, recuerda Robby. “Era el típico primer trabajo”. Robby fue ascendiendo de apilar troncos a mano a operar un skidder. Con el tiempo, pasó a operar un cargador de troncos. Para cuando cumplió diecinueve años, obtuvo su licencia de conducir profesional Clase 1. “Comencé a manejar camiones y pasé unos diez años transportando madera”.
Hacia 1994, le compró a su cuñado un feller buncher Case de segunda mano con un cabezal de cizalla muy básico y se lanzó como subcontratista. Poco después, habló con su vecino Brian Young, dueño de Young’s Mills, quien le ofreció trabajo directo como subcontratista. Esa oportunidad le dio la confianza para dar el salto a una Timberjack 618. Robby trabajó para él durante más de veinte años, entre 1997 y 2018. “Por aquel entonces, Brian era el principal contratista forestal trabajando para Canfor”. En la actualidad, Robby presta servicios para Hi-Sky, el contratista principal de West Fraser.
Shayne Waldie, titular de Hi-Sky Enterprises Ltd., corta 480 000 metros cúbicos anuales para firmas como West Fraser, Canfor y Louisiana Pacific. Shayne apuesta por la innovación, combinando sistemas de corte a medida y de tronco completo. Con hasta seis frentes de trabajo simultáneos, despliega una flota de equipos versátil para optimizar la productividad de sus cuadrillas y sus contratos. Dadas las dificultades del terreno y las restricciones de espacio para el apilado y procesado al costado del camino, las cuadrillas acostumbran a avanzar con un feller buncher por delante del procesador en campo y el forwarder. Shayne también confía en el skidder 635H con pluma giratoria de Tigercat. Destaca su rendimiento en pendientes pronunciadas y su capacidad para maniobrar cargas en parcelas de tala selectiva, y esto minimiza los daños al arbolado remanente.
En la actualidad, Robby usa la máquina unas 50 horas semanales, entre ocho y nueve meses al año.
Hi-Sky gestiona el flete de su propia madera y, en paralelo, Shayne opera una flota de camiones para el transporte de carbón en las minas de la zona. En momentos de máxima actividad operativa, el grupo de Hi-Sky llega a emplear a hasta 300 trabajadores. R. Major Logging es el único subcontratista de la empresa.
Robby compró la primera 618 en 1997 y sumó otra máquina en una subasta unos años después. “Tenía dos bunchers y un operador a mi cargo. Trabajé así hasta 2003”, comenta Robby. “En esa época, hacía tala para una torre de madereo y ya estaba agotado de mirar hacia arriba y hacia abajo todo el día, haciendo la tala en pendientes duras con una máquina de chasis plano. No paraba un segundo: manejaba un feller buncher y me encargaba personalmente del mantenimiento y servicio de las dos máquinas”. En esa época recibió la llamada de Glenn Pope, vendedor de Inland. Le comentó que tenía un feller buncher L870 Tigercat disponible en el concesionario y lo invitó a que pasara a verlo.
Acto seguido, Glenn le propuso llevar la máquina al bosque a la semana siguiente para hacer una demostración. “Me puse al mando y empecé a cortar árboles. Lógicamente me encantó, y Glenn me aceptó las dos 618 como parte de pago. Obtuve un excelente valor de permuta y la entrega inicial me permitió utilizarla yo mismo en un solo turno. No tuve necesidad de implementar un doble turno con un segundo operador”.
La L870 era un equipo más grande, de mayor tonelaje y de ciclos más lentos en comparación con los bunchers 618 a los que reemplazó. Sin embargo, según Robby, la diferencia en tracción para pendientes y estabilidad fue absoluto. Podía trabajar con total seguridad sobre el costado de la máquina en terrenos difíciles. Podía avanzar cuesta arriba cargando un árbol de veinte pulgadas de diámetro. Ya no tenía que pelear con el terreno para trepar el terraplén hasta al camino al final de la jornada. La ergonomía del chasis de nivelación representó una mejora sustancial. Robby simplificó su vida y su estructura de negocio.
Cuatro años después, el equipo estaba pago y aún se mantenía en excelentes condiciones. Con el paso de los años, Robby mantuvo un ritmo constante de trabajo y se encargaba él mismo de la mayoría de las reparaciones. Logró vivir muy bien gracias a su máquina Tigercat.
La estructura del cabezal de tala 5702 es totalmente original.
El año pasado comenzó a brindar servicios para Hi-Sky, enfocado sobre todo en tareas de tala rasa con retención de árboles remanentes, como él lo define. Realiza el corte guiado por una guía técnica con la ayuda del GPS en la cabina. Esta guía establece el porcentaje exacto de árboles que deben dejarse en pie según su especie y tamaño. El mapa señala los cruces de tuberías y las áreas designadas para la conservación de vida silvestre.
Actualmente integra una cuadrilla junto a otro feller buncher. Pese a que los operadores de Shayne manejan equipos más nuevos, Robby sostiene con facilidad los niveles de producción exigidos con su antigua L870. “Jamás tengo dudas con Robby”, confiesa Shayne. “Primero, porque trabaja con Tigercat. Y segundo, porque es un gran mecánico y un operador de primer nivel con un rendimiento de producción extraordinariamente constante”.
El equipo ya sobrepasó las 30 000 horas de trabajo. ¿Cómo consigue un operador propietario mantener semejante nivel de disponibilidad en un equipo con veintitrés años de servicio? Ante todo, Robby es meticuloso con el mantenimiento. “Hago los servicios al terminar la jornada y habitualmente los fines de semana. Llevo un control estricto de cada trabajo en mi registro de mantenimiento. El año pasado no tuve casi nada de tiempo de inactividad. Parece increíble, pero es así”. Mantiene su propio stock de repuestos en el taller, incluso pluma principal, cilindros de elevación y de brazo sujetador para el cabezal.
Para Robby, utilizar una máquina más antigua y sencilla representa una clara ventaja competitiva. Admite que la electrónica de los equipos nuevos ha mejorado en confiabilidad, pero aclara: “No corro el riesgo de tener la máquina parada tres días por la falla de un sensor de diez dólares, por la simple razón de que no tengo ningún sensor. Lo único electrónico que tiene es el sensor de velocidad para el sistema anticalado y la verdad es que nunca me dio un solo problema”.
Con más de 30 000 horas de servicio, la L870 de Robby se destaca como una máquina altamente confiable con mayor tiempo de actividad.
La familiaridad que tiene Robby sobre su máquina es una gran ventaja. “Conozco al detalle cada componente de este equipo”, comenta. Está tan en sintonía con su máquina que es capaz de escuchar o incluso oler una falla en desarrollo, como el goteo de una manguera hidráulica. Una vez percibió un ruido extraño que, tras una breve revisión, lo llevó directo al ventilador del sistema de enfriamiento. “Después de varias miles de horas, el rodamiento del ventilador tenía juego, así que detuve la máquina de inmediato y lo desmonté. Muchos operadores no habrían notado esa falla. Conozco perfectamente qué ocurre cuando el ventilador se sale de su eje. El resultado nunca es bueno. Pasas de cambiar un repuesto de $250 a pagar una reparación de miles de dólares”.
Sigue una estricta rutina de calentamiento y enfriamiento. En invierno, cubre el radiador para levantar temperatura y calienta la máquina lentamente, atento a los indicadores del tablero. Luego corta algunos árboles a 1500 rpm para que el sistema vaya soltándose antes de exigir la máquina a plena potencia. “También la dejo enfriar despacio. Simplemente la cuido”. Además, le saca un gran partido a la documentación técnica que tiene disponible. “En los manuales hay muchísima información”, comenta. “Tengo el manual de operación, el de servicio técnico, el del motor y el catálogo de mangueras. Ser organizado ayuda muchísimo. No es tan difícil con una sola máquina. Implica mucho esfuerzo y largas horas, pero en definitiva, es mi trabajo. Si cuidas la máquina, la máquina te cuida a ti”.
La mayoría de las parcelas son de tala rasa, con algunos árboles residuales en pie. Las prescripciones de manejo definen las zonas de fauna silvestre y las especificaciones relativas al tamaño y a las especies.
Presta gran atención a los indicadores. “Mantengo la temperatura hidráulica por debajo de 150 °F y el motor siempre refrigerado. Mi máquina no tiene ventilador reversible, pero no me preocupa. Me gusta bajarme a estirar las piernas y limpio la rejilla dos veces al día. Tengo un compresor en la parte trasera del camión. Una vez por semana le quito el polvo. Si empieza a levantar temperatura, paro y averiguo cuál es el problema”. Rara vez tiene problemas con las mangueras o las juntas tóricas.
El deshielo de primavera en la zona noreste de la provincia suele durar tres meses, aunque según las condiciones climáticas ha llegado a durar hasta cinco. “Tenemos un campo pequeño en Arizona. Hacemos lazada en pareja, así que viajamos con los caballos. Abril tiene muy mal clima en esta zona de Peace River. Por eso es mi momento preferido para tomarme vacaciones. Reviso las cámaras de mi casa a la distancia. En cuanto veo que se derrite la nieve, regreso”. Después de sus vacaciones, Robby comienza el mantenimiento anual de rutina.
“Primero quito las protecciones y limpio todo a fondo. Me lleva unos dos días. Saco hasta el último resto de madera antes de acercarme aunque sea con una hidrolavadora. Cada dos años saco el radiador por completo y lo cuelgo de una cadena”. Luego pasa a los trabajos más grandes y recurre al servicio experto de Inland cuando hace falta.
“Chris Stubbs es un gran mecánico de Inland. Si necesito ayuda trato de acudir a él, aunque casi no los consulto. Este año abrí las orugas porque los dos tensores tenían filtraciones. Saqué las poleas tensadas y los tensores de las orugas, los llevé a cromar a Prince George y los volví a armar”. Con las orugas desmontadas, Chris ayudó a Robby a sacar los motores de traslación y cambiar los frenos. “Luego volví a armar las orugas yo mismo, las soldé y las tensé. Ese es el tipo de trabajo que hago”.
A lo largo de la vida útil de la máquina, el motor Cummins 6CT de 8,3 litros se ha reemplazado en dos oportunidades. La bomba y el motor de la sierra solo se cambiaron una vez, una tarea que realizó Robby. El chasis inferior se reconstruyó dos veces y la unidad transportadora va por su tercera bomba principal. Recuerda que se estaba abriendo paso en una ladera en pleno bosque cuando falló la bomba. “Tuve que poner una excavadora para abrirle camino a la camioneta. Traje un cabrestante, vacié el aceite hidráulico en un barril, saqué la bomba y la cambié. Es lo que haces en medio del bosque. Llamé a Stubbs para eso. Dejó todo muy bien regulado y la máquina está rindiendo mejor que nunca”.
Robby señala que el acceso a componentes, mangueras y puntos de servicio es bueno en general. “Lo más complicado son las mangueras de las orugas. Las cambié varias veces a lo largo de los años. En invierno, con el frío extremo, es un trabajo de un día entero porque el barro y los residuos se congelan adentro. En los chasis inferiores nuevos las mangueras van por detrás y es más fácil llegar. En la mía duran mucho más porque están resguardadas y protegidas”.
Estructuralmente la máquina está impecable: sin fisuras en el chasis inferior y solo un par de placas pequeñas en la pluma segundaria. Todo en el cabezal 5702 es original, salvo una soldadura menor en la placa de apoyo y una reparación en la articulación.
Hi-Sky Enterprises tiene sede en Chetwynd, CB. Cada mes de junio, la ciudad organiza un concurso internacional de escultura con motosierra solo con invitación. Las obras terminadas se exhiben por toda la ciudad. En cada edición, doce escultores empiezan su trabajo con un tronco de cedro rojo canadiense de 8 pies (2,4 m) con entre 40 y 50 pulgadas (1-1,3 m) de diámetro. Tienen 35 horas para realizar sus esculturas. Los resultados son extraordinarios.
La máquina tenía contador de árboles, pero dejó de funcionar hace tiempo. “Antes solía hacer entre 2000 y 2500 árboles por día. Cortaba doce horas seguidas, sobre todo cuando tenía cuentas que pagar”. A sus 65 años, Robby ya no corta el mismo volumen ni trabaja tantas horas. Sin embargo, todavía tiene una jornada laboral de diez horas. Si se suman el mantenimiento técnico y los desplazamientos, la jornada se convierte en un día de quince horas.
Robby valora enormemente cómo Shayne gestiona las operaciones. “Da gusto trabajar con él porque apura la tala hasta el cierre definitivo de la temporada. Sabe que, si no da tiempo a sacar toda la madera, las operaciones de carga y transporte serán las primeras en reanudarse durante el verano”. De este modo, la temporada se estira un poco más hacia la primavera y optimiza el reinicio de las actividades, lo que mantiene a todo el equipo en pleno rendimiento. “Es un contratista forestal de gran criterio operativo. Tiene la capacidad de empezar a despachar esa madera antes del inicio de la jornada de la cuadrilla. Aunque no esté procesada, los procesadores pueden entrar antes y operar desde el camino. Así, cuando volvemos a acumular y apilar en un nuevo lote, nadie pierde tiempo esperándonos. Todos tienen trabajo asignado desde el primer minuto”.