Tony Iarocci se retiró oficialmente de Tigercat Industries el 4 de junio de 2026. Grant Somerville, ex presidente de Tigercat, actual miembro del directorio y colega de Tony durante 48 años, repasa su trayectoria y legado profesional.
— Grant Somerville, Director
El nombre de Tony Iarocci es sinónimo de la marca Tigercat. Fue el primer presidente de Tigercat Industries, asumiendo la responsabilidad a finales de 1991, antes de que la empresa tuviera siquiera su nombre actual. Aquella fue la etapa pionera, en la que lideró la creación de los departamentos de ingeniería, ventas, atención al cliente y repuestos, además del desarrollo de las primeras líneas de productos.
Tony es reconocido por los treinta y cinco años dedicados al desarrollo y crecimiento de Tigercat, desempeñando el cargo de primer presidente durante veintiséis años y, posteriormente, el de primer director durante nueve años más. Sin embargo, pocos saben que su larga carrera en el sector forestal empezó bastante antes de la creación de Tigercat.
Nacido en Roma, Italia, emigró junto a su familia a Canadá en 1951 para radicarse en Brantford, Ontario. Sus padres le inculcaron desde siempre el valor del trabajo y la educación. Guiado por esa visión, estudió en la universidad y en 1966 se graduó como ingeniero mecánico en la Universidad de Waterloo.
Ese mismo año comenzó su carrera en Koehring Waterous Company, situada en Brantford. Fundada por los hermanos Waterous a finales del 1800, la compañía comenzó fabricando maquinaria a vapor y en la década de 1920 se convirtió en un importante fabricante de enormes trituradoras para papeleras. En los años 50 sumó maquinaria de construcción y en los 60 dio el salto a las máquinas forestales. En el sector forestal, el nombre Koehring Waterous se recuerda sobre todo por el desarrollo del cabezal de corte de disco de alta velocidad. Aunque también produjo una gran variedad de máquinas clave tanto para la cosecha forestal como para la industria de la celulosa y el papel.
Tres presidentes: (Izq. a der.) Ken MacDonald, Grant Somerville y Tony Iarocci.
Esta etapa en la trayectoria de Tony le brindó una experiencia integral en el diseño, desarrollo, fabricación y soporte en campo de maquinaria pesada para papeleras y operaciones en los bosques. Fue la chispa que encendió su vocación por la innovación tecnológica continua, un aprendizaje necesario para encarar más tarde el desafío de hacer crecer a Tigercat.
Durante los años 70, la compañía concentró sus esfuerzos de desarrollo en harvesters sobre ruedas y feller forwarders, utilizados en la extracción de maderas blandas en los bosques del norte de Ontario, Quebec y las Provincias Marítimas.
El volumen extraído se destinaba sobre todo a celulosa y papel, con flotas de equipos gestionadas directamente por grandes papeleras. Por la ubicación remota, la mayor parte del personal vivía en campamentos de la empresa. Las flotas de máquinas solían funcionar las 24 horas del día, cinco días a la semana, con paradas obligadas durante el deshielo de primavera y la Navidad. Los entornos de cosecha en estas zonas del norte variaban desde ciénagas hasta roca expuesta, con días largos y calurosos de 30 °C en verano y noches invernales interminables de -30 °C. No era raro que las máquinas alcanzaran las 40 000 horas antes de su retiro definitivo. Una aplicación tan exigente requería un desarrollo de producto muy dinámico, un fuerte soporte en el terreno y una colaboración estrecha entre el fabricante y el cliente.
El harvester Koehring para madera corta
Tony dirigió las operaciones de repuestos y servicio al cliente de Koehring durante varios años, lo que le dio un conocimiento práctico de los problemas diarios de ambas partes en esas condiciones. Durante la crisis económica de principios de los ochenta, fue ascendido a cargos de alta gerencia en las áreas de comercialización e ingeniería.
Para ese momento, los grandes productores comenzaban a diversificar su producción combinando celulosa y madera estructural. Las ventas de grandes harvesters diseñados solo para troncos para celulosa cayeron. La empresa cambió de rumbo y se enfocó en grandes feller forwarders que llevaban los árboles enteros y limpios hasta el borde del camino, donde se podían clasificar según su destino: celulosa o madera estructural.
Para mediados de los ochenta, las presiones económicas llevaron a los productores a dejar de tener flotas propias de máquinas y a volcarse hacia contratistas privados. Los enormes feller forwarder sobre ruedas se convirtieron en piezas del pasado que los contratistas no podían comprar ni mantener.
En su mayoría, la transición en América del Norte se orientó hacia los feller bunchers y los skidders con garra, que marcaron el nacimiento del sistema de cosecha forestal más extendido en la actualidad. Este cambio del mercado demandaba maquinaria más económica; esto hizo que la empresa buscara nuevas alternativas.
Parte de una de las primeras presentaciones que catapultó a la compañía. Esto es antes de PowerPoint, cuando las presentaciones se mostraban con un proyector de diapositivas.
Tony lideró la iniciativa de proyectar y construir un feller buncher sobre orugas que superara los estándares de productividad y confiabilidad. Mientras la competencia adaptaba excavadoras para convertirlas en feller bunchers, la visión de Tony fue producir equipos diseñados desde su origen para las exigencias específicas de la industria forestal: una solución que capitalizara la trayectoria de la compañía y pusiera al alcance del sector una herramienta más accesible.
Se construyó un prototipo en tan solo nueve meses. (La máquina se envió el 4 de junio de 1984, curiosamente el mismo día, pero 42 años antes, del retiro de Tony). El feller buncher sobre orugas fue un éxito rotundo. El diseño acertado y el momento justo del mercado permitieron que la línea de productos experimentara un rápido crecimiento durante esa década.
Sin embargo, los 80 siguieron presentando desafíos. La empresa se vio envuelta en la ola de fusiones y adquisiciones de Wall Street, y en 1988 el holding vendió la división forestal de Koehring en Brantford a Timberjack. El nuevo propietario dio continuidad al desarrollo de esta línea de feller bunchers sobre orugas. De este modo, aquel desarrollo de Koehring se convirtió en la semilla de los dos principales fabricantes mundiales de maquinaria sobre orugas diseñada específicamente para el sector forestal.
Aunque dejar atrás los años invertidos en Koehring no fue fácil, Tony siguió adelante con su carrera. Asumió un puesto gerencial en un fabricante local de componentes hidráulicos y tiempo después llegó a la vicepresidencia de King Equipment. En 1989, un grave accidente de auto estuvo a punto de costarle la vida y lo obligó a atravesar una larga y dolorosa recuperación.
En 1990, dio un giro y comenzó a dar clases en la facultad de ingeniería de Conestoga College. Quiso el destino que un día de 1991 coincidiera con Ken MacDonald. Se conocían de los años de Tony en Koehring, cuando MacDonald Steel, la compañía de Ken, proveía componentes soldados.
En aquel entonces, MacDonald Steel atravesaba dificultades por la recesión. La mayoría de los clientes de Ken también atravesaban momentos complejos o directamente bajaba sus persianas, lo que exigía un cambio de rumbo urgente. Fue así como tomó la decisión trascendental de pasar de fabricar máquinas completas en lugar de limitarse a proveer piezas para otros fabricantes. Al tanto del talento y la experiencia de Tony, Ken le ofreció el desafío de liderar la creación de una línea de productos forestales para la empresa.
Así se dio la unión de dos personas profundamente complementarias. Aunque sus antecedentes y habilidades eran muy diferentes, la suma de sus talentos demostró ser una combinación sumamente eficaz. Lo que sí compartían era un marcado espíritu emprendedor, una fuerte ética de trabajo y una gran confianza en sí mismos.
Tony inspeccionando el prototipo del feller buncher 726, en cuyo diseño y comercialización colaboró. En 2017, la máquina regresó a la fábrica para ser reconstruida.
Una amplia investigación de campo llevada a cabo por Ken, Tony y su pequeño equipo determinó que el proyecto debía iniciar con un feller buncher de ruedas para el mercado del sur de EE. UU. En apenas nueve meses, para la primavera de 1992, completaron el prototipo del feller buncher 726. Los ensambladores terminaron el montaje trabajando en estacionamientos de moteles en el camino hacia la exposición forestal de Tifton, Georgia. De hecho, la máquina cortó su primer árbol justo antes de comenzar la demostración en directo. Una jugada audaz, pero la máquina resultó ser un verdadero triunfo y el pilar fundamental sobre el cual se construyó Tigercat.
Tony se aseguró de que el método de investigación y diseño utilizado para el proyecto del 726 se estableciera como modelo de referencia para el desarrollo de futuros proyectos de Tigercat: ir al terreno, escuchar ideas, preferencias y objeciones de los clientes, evaluar las fortalezas y debilidades de la competencia, diseñar soluciones innovadoras y crear máquinas más resistentes, confiables y rentables. De este modo, poder ofrecer una rápida respuesta a las sugerencias del cliente para optimizar continuamente cada producto. Respetar a los clientes como tus socios estratégicos. Fueron lecciones fundamentales adquiridas tras veinticinco años de experiencia.
La lista de proyectos liderados por Tony fue larga y variada, con un ritmo constante de un nuevo producto por año. Esa búsqueda de innovación dio lugar a avances clave como las sierras de acumulación y cizallas de doble poste, el skidder hidrostático y la tecnología ER para sistemas de pluma, por nombrar solo algunos. Desarrollos que transformaron e impulsaron la productividad y eficiencia de las operaciones forestales a escala global. Es difícil transmitir la magnitud del desarrollo de productos emprendido por Tigercat durante este período.
Igual de importante y difícil fue crear una red de distribuidores de primer nivel, con el respaldo de servicios al cliente y suministro de repuestos de alta capacidad. Tony entendió el valor crítico de estas áreas y les dedicó gran parte de su tiempo.
Durante su carrera, Tony valoró mucho el viajar e interactuar con distribuidores y contratistas forestales.
Además, hay un lado del proceso que el cliente no suele ver: las alianzas clave que deben forjarse con numerosos proveedores de componentes y servicios. El trabajo forestal es una exigencia extrema para la que la mayoría de los componentes comerciales no están diseñados. Tony lideró sin descanso desarrollos conjuntos con proveedores para lograr piezas con capacidad real para el trabajo forestal, desde bombas hidráulicas hasta pintura. Cuando esto no bastó, impulsó el desarrollo de alternativas de fabricación propia de Tigercat, como ejes, transmisiones y cajas reductoras finales.
Tony sostenía firmemente la importancia de ver las cosas en persona para entender los problemas de primera mano. Viajó a numerosos países para visitar a proveedores, plantas de fabricación, distribuidores, clientes y explotaciones forestales. Viajaba constantemente por el sur de los Estados Unidos para mantener contacto directo con distribuidores y clientes, acumulando incontables horas de ruta y desgastando literalmente un vehículo tras otro.
Junto a Ken, Tony forjó una cultura corporativa distintiva en Tigercat. Trabajaron con esfuerzo y alto nivel de exigencia, pero también supieron compartir y disfrutar fuera del entorno laboral. Ninguno de los dos permitió jamás que sus cargos ejecutivos fueran símbolos de estatus y mantuvieron siempre un respeto genuino hacia todas las personas. Hicieron de la ética su brújula, un principio cada vez más escaso en la actualidad.
Tony combina magistralmente lo mejor de la vieja y la nueva escuela. Por un lado, es un ingeniero disciplinado con los principios tradicionales de su época. Por el otro, un pensador progresista que confía plenamente en el sentido común. Su equilibrio perfecto entre ciencia y pensamiento práctico encajó a la perfección en el diseño de maquinaria forestal. Escuchó lo que los clientes querían en lugar de decirles qué necesitaban, marcando una pauta en la cultura de la empresa que fue clave para el éxito de Tigercat.
Ken MacDonald, Jon Cooper y Tony parados frente al prototipo 726 reconstruido en 2017. Jon y Tony diseñaron esta máquina en colaboración entre fines de 1991 y principios de 1992.
Tony encabezó innumerables reuniones con fabricantes de piezas, distribuidores, clientes y el equipo interno de Tigercat para resolver problemas. Todos terminaron respetando su capacidad técnica, su pasión por resolver desafíos sin importar su magnitud ni complejidad, y el éxito que siempre lo acompañaba.
Tony fue un auténtico creador de equipos. Tenía un talento único para evaluar a las personas e identificar a los profesionales con verdadero potencial. Impulsaba a los jóvenes a alcanzar grandes metas. Como líder, garantizaba estar plenamente informado para tomar siempre las mejores decisiones estratégicas. Era brillante haciendo las preguntas correctas que le permitían ir directo a la raíz de cada desafío. Era un ejecutivo decisivo, fiel al principio de que la indecisión es peor que una decisión equivocada. Atravesó momentos prósperos y complejos manteniendo siempre una visión optimista y un rumbo firme.
Celebración del retiro de Tony en junio de 2026, tras 35 años de trayectoria en Tigercat Industries.
Estuvo presente en todo momento: en ferias, reuniones, recorridos por las plantas, eventos sociales, en los talleres de producción y en el bosque. Fue la cara visible de Tigercat. La confianza de Tony en sí mismo y en su equipo hizo realidad lo que la industria consideraba imposible. Lideró la creación de una nueva marca de maquinaria en un mercado hipercompetitivo, justo cuando las marcas tradicionales desaparecían. El resultado fue lograr la creación de la línea de productos más amplia del sector forestal. Hoy en día, once plantas de fabricación y un equipo global de 2000 personas construyen y respaldan todo tipo de productos verdaderamente innovadores y de primera calidad.
Esta es solo una muestra de una carrera de 60 años que dejó una huella enorme en la industria forestal mundial e impactó en la vida de miles de personas. Todos le agradecemos a Tony por las incontables horas, kilómetros y desvelos que dedicó a posicionar a Tigercat Industries en lo más alto de la industria. También quiero reconocer a su esposa, Marsha, por el apoyo incondicional que le brindó a lo largo del recorrido y por todo el trabajo dedicado a Tigercat que muchas veces pasó desapercibido.